martes, 13 de marzo de 2012

Aquella chica morena de ojos tristes no sabía que sú corazón ya no le pertenecía. Que él se lo había roto, y todo por jugar con él. como si fuera una pelota, cuando realmente a lo que más se le parecía era a un globo de cristal, con el mínimo golpe se abría hasta que un día rompçia del todo. Así lo había hecho Dani. Había jugado con el corazón de Sara durante mucho tiempo. Aún sabiendo que ella se lo había entregado a él porque lo amaba, lo necesitaba.

Pero nada es lo que parece... Y la felicidad se va al garete en un instante. Sara no había aprendido a sonreír porque sí, lo había hecho todo por las sonrisas de él. Por lo besos y abrazos que le dedicaba. Lo había hecho por esas miradas en clase, en la cuál se ponía roja como un tomate. Pues su mirada era intensa, te miraba fijamente como si supiera lo que estabas pensando en cada maldito instante. Sonreía al llegar todas las mañanas al colegio. Porque siempre que tenía que volver a casa la sonrisa se borraba. Sabía lo que le aguardaba. A sú padre tirado en el sofá esperándola para que le hiciera la comida. Así lo hizo. Llegó en silencio, dejó sus cosas en el suelo y caminó hacia la cocina. Precalentó en el microondas un plato de comida congelada, se acercó a su padre con una lata de cerveza llena para retirar las vacías que se acumulaban en la sala. Antes de que pudiera darse cuenta su padre le había cogido de la muñeca.

- Zorras... Todas sois unas zorras que buscais mi dinero, pero ¡ja! he mantenido a tú madre hasta el día en que esa guarra de acostó con el vecino, pero no te mantendré a ti para siempre... ¡Traeme otra cerveza, rápido!

Sara había callado. Pues sabía que era lo mejor. Retiró la comida del plato y metió otro en su lugar. Cogió un par de latas más de cerveza y las llevó junto su padre. Lo dejó todo en la mesa que tenía al lado, y le preparó el tabaco. Cuando hubo terminado todo, cogió su comida y se encerró en su cuarto. El más pequeño de la casa, pero el más alejado de todos. Una vez allí se relajó todo lo que pudo y conectó su Ipod en lso altavoces. Encendió la musica y se relajó en la cama boca arriba. Estubo pensando largo y detenido tiempo sobre cómo había comenzado sú "relación" con Daniel. Pero no halló respuesta alguna. Sólo supo que nunca se había fijado en él, y que de pronto llegó a sú vida.

Se levantó de la cama y abrió la ventana, se sentó en su sillón y encendió uno de sus cigarrillos con sabor a menta. Abrió su libreta de dibujo y comenzó a dibujar. Le relajaba, le gustaba el sonido del lápiz en el folio. Y sobretodo, le distraía. Pero aún así no conseguía olvidar que su corazón estaba roto. Hecho añicos y esparcidos por ahí, sin poder volver a juntarlos todos.

****

Eran ya las 8.30 de la tarde, y su padre aún no la había llamado o gritado para que le llevara una nueva cerveza. Algo bastante preocupante, teniendo en cuenta que era su forma de vivir. No sabía si preocuparse o no, a lo mejor se había quedado dormido. Pero algo en su interior hizo que se levantara y caminara poco a poco hasta llegar a la sala. Solo veía la tele encendinda. Muchas latas tiradas en el suelo y un cigarro consumiendose en el cenicero. No escuchó ni el ruido de los ronquidos de sú padre. Nada. Solo absoluto silencio.

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